Museo Etnográfico de Grandas de Salime

En los pueblos de cierta importancia, en las cabeceras parroquiales y en las ventas o viviendas situadas al borde de los caminos reales, se instalaban tabernas que ofrecían al público bebidas, comestibles derivados del cerdo y productos que no se fabricaban en las casas como conservas, galletas y caramelos, papel para escribir y fumar, velas y linternas para el alumbrado, cerillas y, en algunos casos, tabaco. La hospitalidad era norma habitual en las cantinas, siendo no pocas las ocasiones en las que el forastero de tránsito compartía la propia comida cocinada para la casa.

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