Museo Etnográfico de Grandas de Salime

Torno de media volta

“Es gente de tanta punta, que comen y beben en platos y escudillas de palo por no comer ni beber en platos de Talavera, ni vidrio de Venecia, que dicen que es sucio y que se hace de barro”.
Carta de Eugenio de Salazar (Madrid, 1530 –Valladolid 1602) al licenciado Agustín Guedeja, en la que describe la villa y las costumbres de la localidad Tormaleo (Ibias-Asturias). Hacia 1560.

Este tipo de torno, cuyo momento de aparición no puede precisarse, alcanzó una amplia difusión en la Europa occidental. Es el más sencillo de los ingenios destinados a tornear.

 

El soporte lo constituye una pieza de madera horizontal atravesada por dos pies verticales, uno de los cuales sobrepasa de forma destacada el plano de la mesa. La mesa dispone de una ranura longitudinal en la que se encaja otra pieza vertical que se desplaza por la ranura, fijándose con una cuña. Los dos elementos verticales sirven de anclaje a la rebola o forma, pieza cilíndrica de madera provista en uno de sus extremos de varios pinchos de hierro que se clavan a la madera que se va a tornear.

El movimiento se obtiene pisando los pedales, unidos por una correa a una vara verde que actúa de resorte. La correa se enrolla alrededor de la rebola, de modo que al accionar el pedal gira sobre su eje y transmite el movimiento a la pieza a tornear.

Una vara curva provista de muescas, el pao del torno, permite al torneiro, apoyado en el pao de atrás, mantener el pulso firme y variar el ángulo de las herramientas en función de sus necesidades.

Con el torno de media volta, los artesanos se desplazaban ofreciendo sus servicios o cumpliendo encargos. En Ibias (Asturias), la actividad se consolidó como un oficio con entidad propia al que se dedicaban casi en exclusiva los denominados tixileiros o cunqueiros. Realizaban grandes desplazamientos para los que se agrupaban en cuadrillas y llegaron a desarrollar una jerga propia.


Producciones del torno de media volta

La vajilla de las casas campesinas era casi en su totalidad de madera torneada. La más utilizada era la de salgueiro, abedul y castaño. El propio artesano se ocupaba de su selección y se aseguraba de que se encontrara en su momento óptimo para trabajarla: ni muy verde, para evitar el exceso de agua, ni muy seca, pues su dureza impediría el torneado.

Una vez concluidas y antes de estar listas para su uso, las piezas se dejaban secar con lentitud, evitando los contrastes de temperatura.

Las formas que se fabricaban eran variadas y atendían las diferentes necesidades de la vida rural: preparación, conservación y transporte de alimentos, servicio de mesa, elaboración de manteca y tareas relacionadas con la matanza y la producción de vino, entre otras.

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